“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Juan 1, 1-5)
Desde que era estudiante en la universidad, estas primeras palabras de Juan me llamaronn la atención. La "Palabra" es para Juan un elemento fundamental para entender a Dios. Ciertamente las palabras transmiten muchos sentimientos, pueden construir o destruir, son signos que reflejan el sentido en que se mueve nuestro corazón y podríamos decir que son el corazón mismo.
Pero la "Palabra" a la que se refiere Juan, no es una frase dicha al aire, es "Palabra" dicha por alguien que ama en verdad, es la suma de muchos deseos y la conclusión de muchos hechos. Dios no solamente es amor, sino ama, y no solamente dice que nos ama, sino que lo hace de manera total, llenando los espacios de soledad y olvido que dejan otros.
Juan desea en ese sentido hablarnos de Dios, alguien presente en la historia. Derepente algunos lo han visto en las palabras de amor que entrega una madre a un niño, otros lo han reconocido en las manos ("Palabra") del que trabaja por el olvidado, del que lucha por que hayan menos excluidos, entregando su vida para que nadie falte en la mesa.
Juan agrega(refiriéndose a la Palabra): "En ella estaba la vida". En ese sentido, Dios no es un Dios de muerte, de tortura, de sacrificios ciegos, ni de mortificaciones, es un Dios de la Vida, por lo que hacerle presente implicará buscar que los lugares de muerte se transformen en lugares de vida. Los albergues deben ser lugares de vida, las calles en la madrugada lugares de vida, los hospitales lugares de vida, las cárceles lugares de vida.
Hay entre los hombres muchas tinieblas, seguramente hoy más que nunca antes, y sin embargo, aunque el dolor sigue creciendo, el Dios del que nos habla Juan no se acobarda, más bien se mantiene firme en medio de las tinieblas para que nadie se sienta solo.
Nuestra Latinoamérica, ha compartido momentos de sangre, de tortura, de odio, de barbarie, lágrimas compartidas desde el Río Grande, hasta Yucatán, lágrimas desde Yucatán hasta Cundinamarca, desde Cundinamarca hasta Ayacucho, lágrimas que cruzaron el Putumayo y el Amazonas y llegaron a Mato Grosso, lágrimas que inundaron el Río Maule y enfriaron el corazón de los Fueguinos.
Y sin embargo, mientras la tiniebla era mayor, la luz brilló más, la Palabra se mantuvo y muchas manos ayudaron a que el sol acariciara nuevamente las mejillas de nuestra gente. Cada día la Palabra se hace carne en medio de los lugares de sufrimiento y esperanza que voy conociendo, las sonrisas y el llanto y nuevamente la luz brillante abriga a mis hermanas del albergue en sus noche más negras y penosas. Hoy nuestra tierra está despertando y el Dios de la vida la despierta con muchos amigos que inundan los albergues, que salen a las calles para pedir lo justo, que estudian por hacer un futuro menos indiferente y aunque son incomprendidos siguen caminando hacia la luz.
Sería bueno no olvidarnos de seguir la Palabra, manos al arado entonces…
Con el Señor de la Vida y los pobres,
Jano

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